El artículo del mes

Oremos por las intenciones del papa Francisco por Pablo Cervera Barranco

Intenciones confiadas a su «Red Mundial de Oración» (Apostolado de la Oración) 

durante el mes de agosto de 2019


Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esen­cia de la vida cristiana. Nuestra oración por el suce­sor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tie­rra, y con el papa Francisco…»

 El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apostolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito determinado que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.

 

Por la evangelización

Para que las familias, gracias a una vida de oración y de amor, se vuelvan cada vez más «laboratorios de humanización».

Una de las palabras más densas y bonitas de la lengua castellana es la palabra «hogar» (focolare, en italiano). Hogar significa fuego, el centro de la casa que antes ocupaba la chimenea (y que hoy, por desagracia, ocupa la televisión), lugar de calor, de reunión, de oración, de vida familiar, de intercambio entre padres e hijos. Ojalá recuperáramos ese lugar en nuestras familias, aun a costa de la televisión que tanto deshumaniza, «desfamiliariza» y tan poco ayuda a la familia como tal… La familia, a través del calor del amor entre sus miembros, de la oración como calor entre el cielo y la tierra, forjará, sin duda, personas distintas y, en ese sen­tido, como pide el Papa, será «laboratorio de humanización». Laboratorio no como lugar de pruebas, sino como aplicación de fórmulas de éxito seguro.


Ofrecimiento diario por la Iglesia y por el mundo

 

V/ Ven, Espíritu Santo,

inflama nuestro corazón

en las ansias redentoras

del Corazón de Cristo.

 

R/ Para que ofrezcamos

de veras nuestras personas

y obras, en unión con él

por la redención del mundo.

 

Señor mío y Dios mío

Jesucristo: por el Corazón

Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón,

y me ofrezco contigo al Padre

en tu santo sacrificio del altar,

con mi oración y mi trabajo,

sufrimientos y alegrías de hoy,

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu reino.

 

Te pido en especial:

por el Papa y sus intenciones,

por nuestro obispo y sus intenciones,

por nuestro párroco y sus intenciones.