El artículo del mes

Oremos por las intenciones del papa Francisco por Pablo Cervera Barranco

Intenciones confiadas a su «Red Mundial de Oración» (Apostolado de la Oración) 

durante el mes de diciembre de 2019

Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esen­cia de la vida cristiana. Nuestra oración por el suce­sor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tie­rra, y con el papa Francisco…»

El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apostolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito determinado que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.


Universal

Para que todos los países decidan tomar las medidas necesarias para hacer que el futuro de los más jóvenes sea una prioridad, especialmente de aquellos que están sufriendo.

La juventud es la esperanza del futuro. Según se siembre en ella, así será el porvenir de los pueblos. Por eso, aunque se tarde en recoger los frutos, la necesidad de plantar bien, abonar, regar, cuidar es la clave de una buena cosecha. En esta perspectiva, el Papa pide que recemos para que los países trabajen con preferencia en este ámbito. Como en otras circunstancias, el Papa también detiene su atención en los más desfavorecidos. La juventud es fuerza, vitalidad, pro­mesa. Pero también los hay necesitados, que sufren. Pidamos un futuro cuidado para todos los jóvenes, especialmente los más desfavorecidos.


Ofrecimiento diario por la Iglesia y por el mundo

 

V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.

R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros peca­dos
y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.