Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Diariamente comenzamos la jornada con estas palabras del Ofrecimiento de obras: «Señor mío y Dios mío Jesucristo: por el Corazón Inmaculado de María, me consagro a tu Corazón, y me ofrezco contigo al Padre en tu santo sacrificio del altar con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy». En cierto sentido, este ofrecimiento adquiere una densidad especial en septiembre cuando, tras el descanso veraniego, retomamos nuestro ritmo habitual.

Es momento de ofrecer el año laboral en el que nos embarcamos. Ofrecer el trabajo, la diversión, la oración, las penalidades de la vida… todo. Nada queda sin valor redentor; vivimos nuestra santidad en lo cotidiano de la existencia, alimentada por Cristo Eucaristía, fuente de toda santidad. En mis años de capellán universitario, iniciábamos el curso académico peregrinando a Guadalupe. Se trataba de poner a los pies de la Virgen todo lo que fuera a ocurrir en el año para que estuviera bendecido por la Madre.

El papa Francisco recordaba recientemente esta vía de santidad para todos: «Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales» (Gaudete et exultate, 14).

Dios bendiga nuestros pasos y haga fructificar nuestras actividades. Santo nuevo curso para todos. 

En Jesús y María, 

Pablo Cervera