El comentario de la portada

La conversión de san Pablo por María Rodríguez Velasco

Contemplar el episodio de la conversión de san Pablo a partir de la pintura de Agnolo Gaddi nos transporta a la Florencia de la segunda mitad del siglo XIV. Allí los pintores se movían entre los rasgos heredados de la tradición bizantina, de carácter conceptual y decorativista, y la renovación introducida por Giotto, que buscaba un acercamiento a la naturaleza en las figuras y marcos espaciales.

Esta simbiosis se aprecia en Agnolo Gaddi, cuyo padre, el también pintor Taddeo Gaddi, había sido discípulo de Giotto, por lo que nuestro maestro habría recibido las influencias anteriormente citadas, si bien no alcanza la perfección técnica de sus predecesores. Así se observa en la reinterpretación de este episodio, narrado en los Hechos de los apóstoles (9,1-9) y ampliamente difundido para incidir en la idea de conversión a partir del Apóstol de los gentiles. A los pies de una colina, trabajada de modo un tanto acartonado en la línea de los paisajes iniciales de Giotto, se dispone san Pablo, recostado, tras haber caído de su caballo blanco, un color que denotaba autoridad entre los jinetes de la antigüedad romana. La figura del apóstol se identifica por los rasgos que lo caracterizan desde el siglo IV, calvo y con la barba puntiaguda.

A esto se suma su atributo iconográfico, la espada, que nos habla de su posterior martirio por decapitación, a la vez que remite a la persecución de cristianos que el apóstol emprendió antes de su conversión. Sin la dramaticidad típica de imágenes posteriores, el gesto del apóstol conduce nuestra mirada hacia la figura de Cristo, únicamente advertida por Pablo, con quien entabla un diálogo.

Las palabras entre ambos son recogidas conceptualmente en la filacteria portada por Cristo (Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad y allí se te dirá lo que tienes que hacer) y por la inscripción que sale de la boca del apóstol (¿Quién eres, Señor?). Los soldados, anacrónicamente revestidos, nos remiten a las persecuciones de cristianos encabezadas por Saulo y que se completarían en Damasco, ciudad sugerida conceptualmente en lo alto de la roca. Un espacio donde el dorado acentúa la bidimensionalidad y nos transporta a la tradición bizantina anterior.

La conversión de san Pablo,  Agnolo Gaddi (1350-1396), Galería Uffizi, Florencia, Italia.  © Mondadori Portfolio/Bridgeman Images.