El comentario de la portada

La Anunciación por María Rodríguez Velasco

Entre las pinturas religiosas del aragonés Francisco de Goya se encuentra la Anunciación realizada para la capilla de los padres capuchinos de San Antonio del Prado (Madrid), en 1785, cuando Goya acababa de llegar a la capital para trabajar en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. En esta pintura, Goya, siguiendo la fuente primaria de san Lucas (1,26-38), simplifica al máximo la escenografía para concentrar toda nuestra atención en la monu­mentalidad de las figuras y en el rompimiento de una luz que por sí misma remite a la naturaleza divina de Cristo en el instante de su encarnación.

Partiendo del resalte inferior de la escalinata, nos introducimos en la imagen desde un punto de vista bajo que acentúa el carác­ter escultórico de sus protagonistas y la serenidad de la Virgen frente al dinamismo del arcángel, también invertido en su disposi­ción respecto al boceto original. El gesto orante de María conduce nuestra mirada hacia el pergamino que evoca la profecía de Isaías: Una Virgen concebirá y dará a luz al Mesías (7,14). Este motivo aparentemente secundario resalta la continuidad entre Antiguo y Nuevo Testamento, el cumplimiento de las profecías en María. La teatralidad de san Gabriel nos lleva, mediante su gesto indi­cativo, a la paloma, al Espíritu Santo, recortada sobre el torrente lumínico y descendiendo sobre la joven. Goya aprovecha el espa­cio entre las figuras para introducir atributos de la iconografía de esta escena: las azucenas, símbolo de la pureza de la Virgen, y el cesto de costura, propio de las imágenes de la tradición española, que nos remite al Protoevangelio de Santiago y al Pseudo Mateo, textos apócrifos que relatan que la Virgen tejía el velo púrpura del templo cuando recibió la visita del ángel. Goya muestra en esta escena su conocimiento de la tradición, su versatilidad a la hora de trabajar las figuras, su perfección en el tratamiento de los paños y su capacidad de conmover a los fieles mediante una luz viva, trabajada con una factura suelta y de ricos matices que anticipa el lenguaje pictórico de la contemporaneidad. 

 

María Rodríguez Velasco

 

 La Anunciación (1785), Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828), colección privada. © akg-images/Erich Lessing.