El comentario de la portada

Dios, en lo más alto del cielo, en lo más bajo de la tierra por Pierre-Marie Dumont

Esta hermosa vidriera del siglo XVI representa la manifestación de la Santísima Trinidad en el momento del bautismo de Cristo. En la parte superior, una nube púrpura, color de la caridad, da testimo­nio de la presencia de Dios Padre en este acontecimiento. De su luz procede el Espíritu Santo, que desciende sobre el Hijo amado.

San Juan Bautista sostiene en su mano el bastón cruciforme, que lleva como estandarte su palabra profética: Ecce Agnus Dei, Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En la otra orilla, un ángel presenta la túnica de la pasión que Cristo ves­tirá para afrontar el bautismo de la muerte.

El bautismo era un rito al que se sometían los pecadores para purificarse y acreditar que se convertían y renunciaban a su vida disoluta. ¿Por qué, entonces, Jesús, sin pecado, pidió a Juan que lo bautizara?

En hebreo, Jordán se dice Yarden, «lo más bajo» y, en efecto, el cauce del río Jordán está situado por debajo del nivel del mar. Jesús desea sumergirse en sus aguas para significar que descen­dió del cielo para restablecer a la condición humana desde lo más bajo donde pudo caer. Así, esta vidriera nos muestra la Trinidad manifestada en su obra de salvación: en la comunión del Espíritu Santo, el Más Alto da testimonio de quien, por nosotros los hom­bres y por nuestra salvación, se ha hecho el Más Bajo.

 

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

El bautismo de Cristo, vidriera, siglo XVI, Joigny (Francia), Iglesia de San Juan. © Jean-Paul Dumontier/La Collection.