El comentario de la portada
El ángel de la Anunciación por Pierre-Marie Dumont
Esta vidriera fue realizada a finales del siglo XIII, si no ya en el siglo XIV, para la abadía cisterciense de Altenberg, cerca de Colonia, Alemania. La Orden cisterciense apareció en el siglo XI, en la dinámica de la reforma gregoriana promovida por el papa Gregorio VII, una reforma que tenía como objetivo restaurar para los clérigos una disciplina de vida que estuviera en conformidad con la doctrina católica romana y digna de las exigencias de su vocación. Fundada por san Roberto de Molesme († 1111), la Orden experimentó su expansión más notable bajo el impulso de san Bernardo de Claraval († 1153) y sus compañeros. Se trataba, a partir de la restauración de la Regla de san Benito, de implicar a la vida monástica en «nuevos caminos de perfección».
Desde la catacumba de Priscila [1] (Ca. 200), los artistas que han representado la anunciación del Señor siempre han tratado de aportar algo para contemplar el misterio de la encarnación… que no se puede representar. Este desafío nunca ha dejado de asumirse, añadiendo al relato fáctico de la visita del ángel un florecimiento cada vez más rico de símbolos que significan lo irrepresentable: el lirio, el cetro, el reloj de arena, las tres estrellas, el jardín hortus conclusus, el lecho conyugal inviolable, el biombo, la columna, los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, la rueca o el hilo, la sábana, el púlpito vacío, el motivo de la primavera, etc.
La sobriedad de lo irrepresentable
Aquí, sin embargo, la representación del ángel está despojada de todos estos símbolos. En su buscada sobriedad, destaca otros símbolos, más discretos pero más transparentes para los contempladores informados que son los monjes cistercienses. ¿No es la misma luz que pasa a través de la vidriera recibida por ellos como una manifestación de la Luz de Luz? El arte de las vidrieras nació y se desarrolló en las catedrales de orden ojival; suscitado por una teología de la luz que está en su origen, el arte de las vidrieras fue primero el arte de la iluminación de las almas por lo sobrenatural. De este arte, Claudel, congruentemente en La Anunciación a María, hizo decir al maestro vidriero Pierre de Craon: «Hacer luz, pobre gente, es más difícil que hacer oro».
Aquí, por lo tanto, la escena no tiene lugar en la casa de Nazaret, ni en un palacio, sino… ¡en el cielo! Debe manifestarse que, a través de la encarnación, se inaugura el reino de los cielos en la tierra. Con su mano derecha, el ángel hace un gesto de bendición: es el mensajero de la Santísima Trinidad y habla en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Con la mano izquierda, despliega una filacteria que lleva la inscripción latina Ave Maria gratia plena, «Ave María, llena de gracia», que confirma el saludo dirigido verbalmente. Como la Virgen María a la que se dirige, el ángel porta un aura de gloria cuyos rayos divinos, de oro, están estilizados. También estilizadas, sus alas significan su misión como mensajero llamado a moverse entre el cielo y la tierra.
No hay aquí profusión de símbolos, ni riqueza narrativa, ni siquiera dinamismo en la representación de este ángel hierático en pie: este ángel de la anunciación es, de hecho, un testigo del ideal espiritual y artístico cisterciense, un ideal que privilegia la simplicidad e incluso la austeridad.
Ciertamente, el maestro vidriero que lo creó estaba totalmente en línea con la técnica y el espíritu del arte francés conocido como «gótico» por la refinada elegancia de los rasgos de la cara y las manos, pero quería purificar su estilo de la exuberancia de las vidrieras de las grandes catedrales del mismo período. Y esto, para concentrar todo su arte en lo irrepresentable del mensaje del ángel y de la respuesta de María:
La Palabra era la Luz verdadera
que ilumina a todo ser humano que viene al mundo.
Y el Verbo se hizo carne
y puso su morada entre nosotros [2].
Pierre-Marie Dumont
[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]
• El ángel de la Anunciación (Ca. 1290-1300), Nueva York, Museo Metropolitano de Arte, Colección The Cloisters. © Dominio público.
[1] En la vidriera, la Anunciación está representada en dos paneles separados: a la izquierda, el ángel Gabriel; a la derecha, la Virgen María.
La Anunciación de la catacumba de Priscila se puede ver bajo este enlace.
[2] Jn 1,9, 14a. Traducción del autor.