Desde el Paraíso, la tentación diabólica que se presenta al hombre es la de «ser como Dios», pero… ¿qué es el hombre? Podemos alcanzar cotas inimaginables de progreso, de técnica… pero, aunque solo fuera por la muerte, esta grave tentación humana debería desaparecer. Polvo eres y en polvo te convertirás…, se nos dice el Miércoles de Ceniza. La vulnerabilidad ante las enfermedades (celebramos el 11 de este mes el día internacional del enfermo), la limitación del ser humano, la creaturalidad y, por tanto, la contingencia, expresan nuestra finitud. ¿Por qué el hombre se alza como dios ante otros y ante Dios mismo? El pecado de soberbia está en la raíz satánica de la tentación «seréis como dioses».
La respuesta de Dios mismo ha sido la humildad, la humillación: Se abajó, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz (Flp 2,7ss). Cristo ha recorrido el camino inverso del pecado original para salvarnos. En esta situación, a nosotros nos queda la mejor de las virtudes: la confianza de la criatura en Dios Creador, Padre, que nos llama a compartir su misma vida de manera eterna. Confiar…, que es lo que menos hace el hombre contemporáneo. Por eso, en este mes (el día 15) en que celebramos la memoria de san Claudio La Colombière, el santo de la confianza, uno de nuestros autores nos ayudará a reflexionar al respecto. Y en un tiempo, espero no muy largo, tendremos gran parte de las obras de este gran santo francés traducidas al castellano para que nos ayude en este camino.