Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Estamos celebrando este año el centenario de la cano­nización de santa Margarita María de Alacoque, la gran confidente del Corazón de Cristo. La suya fue una época en la que la herejía jansenista alejaba al pueblo de Dios de la comunión de la Eucaristía con planteamientos rigo­ristas. La «reacción» providencial del Señor fue acercar su Corazón vivo, herido y lleno de amor a la humanidad a través de apóstoles como santa Margarita, san Claudio de la Colombière y tantos otros.

En el curso de la Octava del Corpus Christi del año 1675, o sea, entre el 13 y el 20 de junio, Jesús revela a santa Margarita:

«He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, solo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreveren­cias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la Octava del Corpus se celebre una fiesta especial para hon­rar a mi Corazón».

El mensaje de Paray-le-Monial sigue siendo actual tam­bién para este tiempo de Cuaresma. Cristo mismo sigue acercándose a nosotros para que acojamos y reconozcamos su amor herido por nuestro pecado (y especialmente por el de tantos consagrados a él), para que hagamos penitencia y devolvamos amor por amor. Al menos tú y yo no dejemos decir al Señor que su amor no es amado…

En Jesús y María,