Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

El mes de noviembre nos sitúa en horizonte de eternidad, tanto por estar tradicionalmente dedicado a nuestros difuntos y a la consideración de las realidades últimas, como por el hecho de que este mes nos aboca al final del Año litúrgico. El gran literato J. R. R. Tolkien escribía en 1944 a su hijo Christopher, movilizado en Sudáfrica en plena II Guerra Mundial. El padre, ante el abatimiento de su hijo por los males de la guerra, le respondía:

«Ningún hombre puede jamás saber lo que está acaeciendo sub speciae aeternitatis (en el plano de la eternidad). Todo lo que sabemos… es que el mal se afana con amplio poder y perpetuo éxito en vano: siempre preparando tan solo el terreno para que el bien brote de él. Así es en general y así es también en nuestras propias vidas… Pero aún hay alguna esperanza de que las cosas mejoren para nosotros, incluso en el plano temporal, por la clemencia de Dios. Y aunque necesitamos todo nuestro coraje y nuestras agallas y toda nuestra fe religiosa para enfrentar el mal que pueda acontecernos, aún podemos rezar y tener esperanza. Yo lo hago».

¡Qué gran razón tenía Tolkien! Alguna vez nos hemos referido al hecho de lo difícil que se nos hace entender los designios divinos. Somos tan pequeños… nuestra perspectiva es muy corta, muy limitada. De ahí que pasar a una mirada de eternidad (sub specie aeternitatis) sea tan necesario. «Aún podemos rezar y tener esperanza». Que el Señor nos conceda esa gracia: vivir, como el Hijo, de cara al Padre, en perspectiva de eternidad. Este mes nos ayuda a ello al intensificar nuestra comunión con nuestros difuntos, y en la conclusión del Año litúrgico.

En Jesús y María,