Carta a los lectores

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Tenemos por mes de María al mes de mayo. Y se entiende por su luz, por el florecer de toda la naturaleza. Pero no cabe duda de que el mes de septiembre es también un mes mariano, al estar salpicado por varias celebraciones de la liturgia en honor de nuestra Señora: la Natividad, el Dulce Nombre de María, Nuestra Señora de los Dolores y Nuestra Señora de la Merced. El día de la Natividad, miles de nuestros pueblos celebran a «su» Virgen.

Como me decía un amigo arzobispo muy querido, «en María se dio el abrazo mayor con el que el Señor quiso hacer suyas también nuestras preguntas, andar nuestros caminos, llorar nuestras lágrimas y brindar por nuestros contentos. De la Virgen nació Dios al hacerse hombre. Por eso, María no es una sustitución de quien únicamente nos salva, ni un piadoso entretenimiento en medio de nuestra incertidumbre o intemperie… La buena compañía de la Virgen en nuestra vida supone una gracia de ternura, un libro abierto en el que aprender a ser cristianos, una cercanía que no nos sustituye… Es una madre que da la vida, la nutre y la ve madurar hasta la santidad a la que hemos sido llamados cada cual en su vocación».

Comenzar el curso de la mano de la Virgen y con una presencia tan singular suya debe ser motivo de esperanza, de agradecimiento: ¡¡Tenemos Madre!! Buen principio de curso para todos.

En Jesús y María,