Hay quien, al retomar la actividad laboral o académica en estas fechas, siente cansancio, pereza o hastío, después de haber disfrutado del merecido descanso veraniego. Para ampliar su horizonte en este comienzo de curso, a ellos (y a todos) les diría que todas sus actividades (trabajo, oración, descanso, alegrías, penalidades) tienen un sentido de eternidad en la medida en que son ofrecidas y hechas partícipes del misterio de la redención de Cristo. Esto sí que es la vida en su totalidad y con dimensión de eternidad.
Por ello, trabajadores, estudiantes, amas de casa, enfermos, ancianos…, todos, en definitiva, asociad todo vuestro ser y actividad a Cristo redentor, y así no habrá cansancios ni hastíos, sino gozo y esperanza en todo lo que somos y realizamos.
Feliz nuevo curso a todos.