El artículo del mes

Oremos por las intenciones del papa Francisco por Pablo Cervera Barranco

«Red Mundial de Oración» (Apostolado de la Oración) durante el mes de noviembre de 2020 

Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la ­tierra, y con el papa Francisco…»

El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apos­tolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.

Universal: La inteligencia artificial

Recemos para que el progreso de la robótica y de la inteligencia artificial esté siempre al servicio del ser humano.

El avance y el progreso solo se da en la especie humana. Por perfectas que sean las colmenas de las abejas, nada en la naturaleza muestra progreso, salvo lo humano. Forma parte del mandato divino: «Dominad la tierra y sometedla». Evidentemente, el uso de ese progreso está limitado por las leyes de la naturaleza escritas en el corazón humano, dotado de capacidad para discernir lo moral, el bien y el mal. Último entre estos progresos es la robótica y la inteligencia artificial. Estos progresos no son malos en sí. El Papa pide que se pongan al servicio del hombre porque, si excluyen el bien del hombre, surgirá el interrogante sobre su verdadera bondad. 

Ofrecimiento diario por la Iglesia y por el mundo

V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.

R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros peca­dos
y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.