El artículo del mes

Oremos por las intenciones del papa León por Pablo Cervera Barranco

Oremos por las intenciones del papa León confiadas a su «Red Mundial de Oración» durante el mes de agosto 2026

Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la ­tierra, y con el papa León…»

El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apos­tolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.

Intención universal: Por la evangelización en la ciudad

Oremos para que, en las grandes ciudades, a menudo marcadas por el anonimato y la soledad, encontremos nuevas formas de anunciar el evangelio, descubriendo caminos creativos para construir comunidad.

Nuestra civilización, frente a épocas pasadas, ha concentrado cada vez más la población en torno a grandes urbes, que a veces cuentan por millones sus habitantes. Esto conlleva prisas, aislamiento, anonimato y, en definitiva, deshumanización. La tarea de la Iglesia pasa por el contacto con las personas para que acojan el anuncio del evangelio. Pequeños grupos, comunidades más reducidas que antaño, brindan mayor cercanía entre sus componentes y facilitan que el evangelio se pueda extender. La creatividad de los pastores y los laicos debe buscar esas condiciones para que las urbes se humanicen a través de la divinización mediante la escucha de la Palabra y de los sacramentos. Se trata de que la ciudad, frente a las dificultades señaladas más arriba, sea también campo donde germine la semilla evangélica. 

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Ofrece al Sagrado y Dulce Corazón de Jesús todas tus buenas obras y ejercicios que realices, para que él los purifique y perfeccione. Es lo que su Corazón amado desea fervientemente, que siempre está dispuesto a perfeccionar las cosas imperfectas de manera más excelsa.

El asceta debe acostumbrarse a referir a la gloria de Dios, por intención correcta, todas sus acciones; unirse y unir, con la oración y el deseo, todo lo que hace y todo lo que sufre, a las acciones y sufrimientos de Cristo. De esta manera, sus obras y sus molestias, que en sí mismas son viles, insignificantes e imperfectas, se volverán muy nobles, espléndidas y muy agradables a Dios. Adqui­rirán, de hecho, una dignidad inefable por la unión con los méritos de Cristo.

Venerable Ludovico Blosio, OSB (1506-1566)

Ofrecimiento diario por la Iglesia y por el mundo

V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.

R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.

Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros peca­dos
y para que venga a nosotros tu reino.

Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.