Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

Querida familia Magnificat:

Hay muchos cristianos que todavía piensan que la Cuaresma es un tiempo solo para hacer obras de penitencia y, por lo tanto, para crecer en la vida cristiana centrándose en sí mismos. Esta es una visión profundamente equivocada. La vida cristiana, que se intensifica en la Cuaresma, es la adhe­sión amorosa del corazón humano al Corazón del Dios hecho hombre. Esto llegará a su culmen en los días del triduo pascual, cuando el Corazón de Cristo se abra de par en par en la cruz.

Esta idea la he querido plasmar en un libro reciente, fruto de muchos años de oración y vida sacerdotal: Operación a corazón abierto. El corazón del hombre ante el Corazón de Cristo. Ocho días de ejercicios espirituales ignacianos. Efectivamente, la Cuaresma supone la intensificación de la vida cristiana que, en los ejercicios de san Ignacio, se arti­cula de un modo orgánico y sintético. Muchos, en el tiempo de Cuaresma, aprovechan para vivir esta experiencia espiritual tan singular. Esos días ofrecen la oportunidad para abrir de par en par el propio corazón para que el «divino cirujano», el Espíritu Santo, primero cure y luego vivifique para la adhesión profunda a Cristo hasta llegar a la identificación con él en la cruz y en la resurrección. Planteado así, el ejercicio cuaresmal cambia mucho la perspectiva de la que hablábamos al inicio.

Al final de la Cuaresma y en la cercanía de la Semana Santa, con o sin ejercicios espirituales, todos podemos abrir una vez más nuestro corazón ante el de Cristo para que lo sane, vivifique, configure y transforme a imagen del suyo.

En Jesús y María,

Pablo Cervera Barranco