Carta a los lectores

Pablo Cervera Barranco

Editorial por Pablo Cervera Barranco

 Queridos padres y abuelos de la Familia Magnificat:

Muchos de vuestros hijos y nietos harán la Primera Comunión este mes. Por eso me dirijo a vosotros. Tenéis un papel trascendental en la vida de fe de vuestros hijos o nie­tos en este paso sacramental tan gigante. Me gustaría que les dijerais que ese día será Navidad. Sí, al principio no lo entenderán. En Navidad, Dios nace en Belén. Belén significa «casa de pan» y la comunión es recibir «el Pan vivo bajado del cielo». Además, ese Pan (ese Niño de Belén) es puesto con infinito cariño por la Virgen María en el pesebre (que en hebreo se dice pfatene, es decir, patena). ¿Veis cómo todo concuerda?

Decidles de mi parte que la comunión, como la Navidad, es el beso que Dios da a la tierra y, en este caso, a ellos se los comerá a besos para que esa vida que él les da («Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros») sea el alimento del que vivan. Cuando escuchen: «Haced esto en conmemoración mía», Jesús les estará diciendo: Haced de vuestra vida una entrega a Dios y a los demás, empezando por los padres y hermanitos.

En Belén, estuvieron José y María preparando con todo detalle y alma limpia la venida de este Niño. Decidles que preparen el pesebre de su alma con toda su ilusión y pureza de corazón. La Eucaristía es el centro de nuestra fe, el com­pendio de todo el Credo, la locura de un Dios que se hace pan para que no muramos de hambre, sino que tengamos vida eterna. En Jesús y María,

Pablo Cervera Barranco