El comentario de la portada

De Saulo de Tarso a san Pablo por Pierre-Marie Dumont

Este impresionante retablo, donde los personajes aparecen en tamaño real, está colocado en el altar mayor de la iglesia de la Conversión de San Pablo, ubicada en Deutenkofen, diócesis de Ratisbona. De estilo gótico tardío, fue tallado hacia 1500 por el Maestro de la Misericordia de Wartenberg, designado así por el nombre de su obra más famosa.

En primer plano, Saúl es captado en el momento en que la luz celestial lo deslumbra hasta que lo ciega y cae al suelo. Su aspecto es el de un rabí judío del siglo XV. Sus rasgos hermosos y su soberbia presencia contrasta con las fuentes que describen a un san Pablo enclenque y encorvado, una apariencia que no correspondía, al parecer, con la grandeza de su alma. A su alrededor, seis personajes esquematizan la tropa de inquisidores que le acompañaban, entre ellos, en primer plano, una mujer, probablemente la hermana de san Pablo, que lo siguió en sus misiones (cf. Hch 23,16), y un militar, ambos ataviados como alemanes de la época.

Así es como el mismo san Pablo relata el episodio de su conversión, que ocurrió apenas cinco años después de la ascensión del Señor, ante el rey Agripa I († 44). Después de cruzar el río Jordán en el «puente de las hijas de Jacob», Saúl cruza la ardiente y desértica Iturea, viaja a través de la gran llanura fértil de Damasco y llega a sus alrededores a los jardines paradisíacos: «Hacia el mediodía, durante el camino vi, ¡oh rey!, una luz venida del cielo, más brillante que el sol, que me envolvía con su fulgor a mí y a los que iban conmigo. Caímos al suelo y yo oí una voz que me decía en hebreo: “Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Duro es para ti dar coces contra el aguijón”. Yo dije: “¿Quién eres, Señor?” Y el Señor respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate y ponte en pie, pues me he aparecido a ti precisamente para elegirte como servidor y testigo tanto de las cosas que de mí has visto como de las que te manifestaré. Te libraré de tu pueblo y de los gentiles, a quienes te envío para que les abras los ojos, y se vuelvan de las tinieblas a la luz y del dominio de Satanás a Dios; para que reciban el perdón de los pecados y participen en la herencia de los que han sido santificados por la fe en mí”. Así pues, rey Agripa, yo no he sido desobediente a la visión del cielo» (Hch 26,13-19).

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

La conversión de san Pablo, relieve alemán (Ca. 1500), iglesia de San Pablo, Deutenkofen, Alemania.

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