El comentario de la portada

El Niño eucarístico por Pierre-Marie Dumont

Al hilo de esta imagen de un Jesús de 3 años, me gustaría com­partir una efusión sentimental y mística que exalta los encantos de la infancia, llevada a su perfección por el Niño-Dios. Lamenta­blemente, cuando Zurbarán (1598-1664) pintó esta obra, le dio un significado esencialmente trágico: la infancia de Jesús es ante todo el comienzo de su pasión y muerte. Vemos a este niño lle­vando ya la cruz y su manto sin costura… ¿Podemos imaginar hoy hasta qué punto los niños de ayer sufrían y hacían sufrir a sus padres? ¿Podemos imaginar lo que significaba sufrir y ver sufrir a los que uno ama por las enfermedades, en condiciones higié­nicas precarias, sin analgésicos y sin medicinas? Y tras meses y meses de sufrimiento, seis de cada diez niños morían antes de los 12 años… Al contemplar el calvario de sus hijos, nuestros padres y madres en la fe se encomendaban al Niño Jesús, convencidos, como estaban, de que su pasión salvadora se puso en marcha el mismo día de su nacimiento. Convencidos, como estaban, de que la pasión de sus hijos no era ciertamente en vano, ya que Dios mismo se había hecho niño precisamente para darle un sentido. Y qué sentido: el paso del estado de miseria ¡llamada humana pero tan inhumana!, al estado de humanidad salvada, donde ya no habrá ni llanto, ni angustia, ni sufrimiento, ni muerte. Un estado donde ser niño, donde amar y ser amado ya no significará seguir sufriendo y hacer sufrir, sino ser bienaventurado y hacer feliz. Esta visión de la infancia es tan significativa que esta pequeña pintura sobre madera, perdida en un museo de Moscú, es en realidad la puerta arrancada del tabernáculo de una iglesia de Sevilla. Sí, para quien sepa contemplarlo, este niño habla mejor que cualquier dis­curso teológico de la Eucaristía de Cristo y de nuestra comunión con los misterios del santo sacrificio de la Misa.

Recemos por nuestros hijos al contemplar el rostro de este niño regordete, su mirada fuerte y tierna a la vez, su gesto afectuoso, con el que Zurbarán muestra todo el amor que Dios experimenta por sus hermanos y hermanas en la humanidad. 

Pierre-Marie Dumont

[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]

El Niño Jesús bendiciendo, Francisco de Zurbarán (1598-1664),

Museo Pushkin, Moscú, Rusia. © Foto Scala, Florencia.