¡Año Nuevo, vida nueva! Es la expresión que brota de nuestros labios cuando llega el día 1 de enero. Ahora bien, ¿qué entendemos por «vida nueva»? Los hay que esperan novedad de cosas: casa, coche, vacaciones, comodidades… Progresar, en este sentido, no es malo siempre que no pongamos en ello toda nuestra esperanza. Pero para otros, «vida nueva» es dejar atrás un año de egoísmo, de pecado, de soberbia, de avaricia, y querer emprender un período de novedad según el evangelio. La vida nueva es la vida de la gracia, la vida de la amistad con Dios, la vida sumergida en el Espíritu Santo. Precisamente todo ello se nos muestra, en este primer día, en la Virgen María. Ella es la plenitud de la gracia, de la amistad divina. Gracias a la plenitud del Espíritu Santo en ella, Dios engendra a su hijo para regalarlo a la humanidad. En ella, tenemos un espejo en el que mirarnos para vivir la vida nueva y acoger al que nos la trae: «Yo soy el camino y la verdad y la vida».
Hay un fotograma de La Pasión de Mel Gibson que sigue en mi retina después de tantos años. Cristo ensangrentado, cargado con la cruz, cae al suelo. María le ve y va a su encuentro. Jesús le dice: «Madre, hago nuevas todas las cosas». Cristo, como a María, nos hará nuevos si, dóciles al Espíritu Santo, dejamos que forje en nosotros su imagen de Resucitado.
Feliz Año Nuevo, feliz Vida Nueva a todos.