El comentario de la portada

Ver a Cristo en colores por Pierre-Marie Dumont

Aquí está Notre-Dame de Chartres, tan querida por Péguy, con su «flecha irreprochable y certera».

Al igual que el arca de Noé, sobreviviendo a la inundación bajo el ala del arcoíris, emerge del «pesado manto y el profundo oleaje y del océano de trigo». La catedral es aquí figura de la Iglesia golpeada por las olas del mundo. Reúne en sí la inmensa multitud de aquellos que serán salvados para siempre del diluvio del pecado y del abismo de la muerte. En su cielo, separando la luz de la oscuridad, el arcoíris aparece como una transfigu­ración a la inversa: es la deidad la que muestra su humanidad como un signo de la nueva y eterna Alianza.

El arcoíris está compuesto por seis colores: de tres colores primarios, rojo, azul, amarillo, y de tres colores nacidos de la asociación de dos colores primarios, verde, naranja y morado. Cada uno simboliza una virtud humana: el amor es el rojo; el poder, el azul; la sabiduría, el amarillo; la justicia, el naranja, la consagración a la vocación, el morado; la piedad, el verde. Estas cualidades humanas, unificadas en la armonía del paraíso, revestían al hombre y a la mujer de un admirable parecido con Dios. Seis es, de hecho, el número que representa la belleza y la bondad de la humanidad creada (Dios creó al hombre el sexto día). Por lo tanto, cuando el arcoíris aparece en el cielo, es porque la luz divina, de una blancura incognoscible a nuestros ojos, se rompe en seis colores para mostrarse en la plenitud de su humanidad. Seis más uno (la luz blanca) es igual a siete: el arcoíris manifiesta que la divinidad asume la humanidad y por este acto glorifica su propia perfección.

Como en el relato del Génesis, el arcoíris es aquí la figura simbólica de Cristo Jesús, que dota a su Iglesia de una aureola de santidad. En este sentido, Goethe se atrevió a decir: «Los colo­res [que surgen del arcoíris] son expresión del sufrimiento de la luz». Es decir, son expresión del sufrimiento humano sopor­tado por el Amor divino, manifestado como tal en el sentido de que nos ama hasta el final.

 

Pierre-Marie Dumont

Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco

 

Catedral de Chartres, Gaston de la Touche (1854-1913),Museo Departamental de l’Oise, Beauvais, Francia.© RMN-GP/René-Gabriel Ojéda.